lunes, 28 de septiembre de 2009

Palabras de borracho


Estoy borracho, quitémonos eso de encima de una buena vez (y si mi impecable ortografía se jode… pues todos con . ella). Así pues, estoy borracho, sentado en la estación del South Ferry, un edificio interesante, que es como decir una mierda de lugar. Estoy pedo porque vengo de una fiesta de cumpleaños. Dos señores homosexuales cumplían años y fuimos a festejarlos. Lo pasé bien. Muchos hombres amigables, una mujer hermosa que no me miró y mi mejor amigo de esta ciudad que me besó en los labios de puro amor y contento hicieron de ésta una buena noche.

Nueva York es una ciudad implacable (coño, tuve que scribir inplacable cuatro veces). Llueve y LA puta línea NRWQ estaba cerrada en la estación Prince St. y tuve que tomar un taxi de diez dólares al puerto del Ferry. Estoy exhausto, con la panza revuelta y empapado.

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¡Qué lugar más solitario!

EWstoy aquí sentado, a las 5:13 de la mañana, borracho y solo, esperando un puto barco que me llevará durante media hora a donde vivo. Pero miro a la gente. Unas niñas con vestidos como que vinieran regresando de una fiesta de 15 años. Una mujer bonita que se abraza las rodillas en cunclillas mientras vomita y orina en el suelo de la estación y yo de pendejo que le pregunto a su amiga si está bien, nomás para merecerme un “Mind your own Business, dumb ass!”.,

Nueva York es implacable porque uno está inmerso entre todos, pero está solo. Uno puede besar a alguien en los labios y esperar descompuesto una hora en una estación. Porque puede pasarlo bien durante horas, cantar una buena canción española dejando a todos atónitos, para luego sentirse como un tonto. Solitario y jodido tomando un transporte público-marítimo para ir a la cama.

Hoy vi una monja reír, un hombre enamorado, una mujer sola, un perro contento y una multitud apática, un niño disfrazado de hada y la estatua de la libertad dos veces.

Chingada vieja azul no me impresiona en lo más mínimo.

Estoy borracho, por eso escribo tantas tonterías. Sólo porque el ferry no llega. Hoy estuve un rato en Barnes & Noble, y vi a dos indigentes (homeless dirían aquí) que con todo y su bulto de mierdas, esas tres únicas cosas que los acompañaban en un atillo jodido… leían a Shakespeare.

Y yo me quiero coger a la que vomita a tres metros.

Y quisiera leer a Shakespeare con la devoción suficiente.

Y cuando estoy borracho digo las cosas más inopinadas.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Triangular Square


Tonight I sat down in a little triangular square (as odd as it may be) in the corner of Bleeker St. and 6th Ave. Here I was nibbling on a bagel when I noticed two women in the bench in front of me that were looking at my shoes and saying “¡qué lindo!” (which means “how cute!” if you are Spanish impaired)… and please don’t act surprised about Spanish being spoken in New York.

Although I am always open and welcoming to praise, I really thought that something was odd because I am wearing a pair of old destroyed-repaired-destroyedagain Puma sneakers that are nothing near “lindos” anymore. So I stopped chewing on my spread-filled bagel and looked down. And sure enough there it was! I was being nibbled myself by the most miniscule mouse imaginable. I had been very still for a little while, and this fellow came out of the bushes behind the bench to try and see if I was edible. I promise the thing was not longer than three centimeters (a little more than an inch for those metric-system-impaired) plus the tail. I looked at it without moving a muscle while it took my shoe with its hands and started chewing the rim of the sole. Imagine in all proportion you take a yacht with your hands and take a bite.

I could feel the little scratch on my shoe and I turned to see the women that where smiling fascinated looking at both of us as a 110kg man (200+ pounds… I know I need to lose weight) was being depredated alive by a 10gr critter. A boy was riding his scooter around the fountain and passed relatively close to me doing some noise. The mouse jumped over my foot, bounced back and ran into the bushes. Literally the whole thing jumped over me and I couldn’t feel it, that’s how small it was.

The two women and I looked at each other and I muttered: “lindo”. They definitely agreed. I finished my bagel and came home to tell you about it, because I’m sure the thing is now enjoying that little piece of everything bagel that I left for him under the bench.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Tormenta del alma



Esta tarde llueve a cántaros. Como crecí en el desierto siempre me parece fascinante ver llover de esta manera. Lluvia ensordecedora con truenos y viento. Y yo con una taza de café mirándolo todo por la ventana. Un poder de la naturaleza, como un pequeño huracán que agita ferozmente las copas de los árboles y truena haciendo retumbar en sus centros la tierra. Es una visión.

Anoche tuve una visión. Después de varios litros de pulque que compré en Teotihuacan (que es como decir la bebida de los dioses que compré donde ellos nacieron), unas horas de risa y amigos y la consecuente sensación de que en verdad el mundo está en su sitio, tuve una visión maravillosa: de las cenizas de la tristeza vi a una mujer florecer de pronto, inesperadamente, en mis manos. Fue tan intempestivo que sólo de pensarlo la cabeza me da vueltas, sorprendente y hermoso como un delicado milagro.

Pienso que la vida hay que caminarla, o en su defecto al menos ponerse en su camino. Ver qué nos pasa estando vivos. Creo que es común suponer que podemos adiestrar la vida, ponerle silla de montar y riendas y cabalgar sobre ella a donde suponemos que está, no sé, la felicidad, el amor, la gracia, el éxito, la compasión o lo que sea que andemos buscando. Pero de un tiempo para acá estoy seguro de que en realidad al intentar domesticar la vida terminamos domesticándonos a nosotros mismos. Nos marginamos estrechamente y lo único que sucede es que la vida nos pasa de largo. Y no se trata de ser un experimentador o un temerario aventurero que busca los límites de la experiencia, no es necesario, con tan solo abrir los ojos y no tener miedo sería suficiente.

Pero el miedo es lo común. Encuentro que las personas viven su vida haciendo hasta lo imposible por no sentir miedo, por sacudirse la incertidumbre, endureciendo todas sus posturas para sentir algo de control en la tormenta de sus vidas. Y terminan por padecer exactamente aquello que tan arduamente han intentado evitar: se llenan de miedos no resueltos, la menor incertidumbre los enloquece, se pierden del paisaje, el viento y el canto de los pájaros por estar obsesionados con mirar el mapa.

Anoche caminamos fuera del mapa y el resultado fue estremecedor. Como pasear sin paraguas bajo una tormenta indomable que lo agita todo, que nos lava el lodo del tiempo, las costras viejas de batallas perdidas, que se lleva basura y arrastra capas y capas de sueños marchitos. Y bajo ellos un tallo verde que germina, que florece delicado, aterido y mudo de sorpresa.

Esta tarde llueve una tormenta como esa, y yo satisfecho, café en mano, observo el milagro por la ventana.