Estoy borracho, quitémonos eso de encima de una buena vez (y si mi impecable ortografía se jode… pues todos con . ella). Así pues, estoy borracho, sentado en la estación del South Ferry, un edificio interesante, que es como decir una mierda de lugar. Estoy pedo porque vengo de una fiesta de cumpleaños. Dos señores homosexuales cumplían años y fuimos a festejarlos. Lo pasé bien. Muchos hombres amigables, una mujer hermosa que no me miró y mi mejor amigo de esta ciudad que me besó en los labios de puro amor y contento hicieron de ésta una buena noche.
Nueva York es una ciudad implacable (coño, tuve que scribir inplacable cuatro veces). Llueve y LA puta línea NRWQ estaba cerrada en la estación Prince St. y tuve que tomar un taxi de diez dólares al puerto del Ferry. Estoy exhausto, con la panza revuelta y empapado.
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¡Qué lugar más solitario!
EWstoy aquí sentado, a las 5:13 de la mañana, borracho y solo, esperando un puto barco que me llevará durante media hora a donde vivo. Pero miro a la gente. Unas niñas con vestidos como que vinieran regresando de una fiesta de 15 años. Una mujer bonita que se abraza las rodillas en cunclillas mientras vomita y orina en el suelo de la estación y yo de pendejo que le pregunto a su amiga si está bien, nomás para merecerme un “Mind your own Business, dumb ass!”.,
Nueva York es implacable porque uno está inmerso entre todos, pero está solo. Uno puede besar a alguien en los labios y esperar descompuesto una hora en una estación. Porque puede pasarlo bien durante horas, cantar una buena canción española dejando a todos atónitos, para luego sentirse como un tonto. Solitario y jodido tomando un transporte público-marítimo para ir a la cama.
Hoy vi una monja reír, un hombre enamorado, una mujer sola, un perro contento y una multitud apática, un niño disfrazado de hada y la estatua de la libertad dos veces.
Chingada vieja azul no me impresiona en lo más mínimo.
Estoy borracho, por eso escribo tantas tonterías. Sólo porque el ferry no llega. Hoy estuve un rato en Barnes & Noble, y vi a dos indigentes (homeless dirían aquí) que con todo y su bulto de mierdas, esas tres únicas cosas que los acompañaban en un atillo jodido… leían a Shakespeare.
Y yo me quiero coger a la que vomita a tres metros.
Y quisiera leer a Shakespeare con la devoción suficiente.
Y cuando estoy borracho digo las cosas más inopinadas.


