
martes, 8 de diciembre de 2009
La Pérdida

martes, 20 de octubre de 2009
eso quiero

quiero escribir mil veces una sonata
vuelvo mil veces a un nombre amado buscando cobijo
mil veces conjuro la risa de mi infancia buscando atenuar el espanto del tiempo
quiero la involución a la semilla
que fue mil veces promesa
que fue mil veces
que fue
no quiero volver a la tierra que fue mía
¡quiero la tierra que vuelva a mí!
que se acuerde de mi nombre
que me murmure una palabra amable mientras me cubre
no quiero desvanecer en la vanidad
quiero una estrella gorda de andar lento
una que sea un gozo seguir
como un presentimiento
como la voz de mi madre
como el silbido de mi padre
quiero recuperar los alientos extraviados
bajas de mi descuido
desandar un trecho y recolectarlos
no quiero esta hojarasca tenue plena de desvanecimientos
fantasmas de sueños muertos de frío
viejas mujeres adormecidas de esperar en la estación
cegados los ojos lagañosos
y el llanto seco
quiero un viento nuevo
el aliento de un niño apagando una vela
esta maldita nostalgia
que clama justicia
culpable
al pie del patíbulo
no quiero que se me restituya el pasado
no señor
¡quiero mis futuros!
mis brillantes futuros ahora perdidos
quiero una tregua al menos
un episodio de predictibilidad
mundano y soleado para andarlo descalzo
abrevadero de los pasos
tal vez esa paz quisiera
pero lo que es ahora quiero mis dones vivos
quiero el título de gran mariscal de campo de mis adentros
capitanear sonoras palabras
como un batallón de parturientas gimientes
quiero cabalgar mi voz a galope
al frente de una carga batiente y desesperada
como una inundación violenta
estrellarme contra esa infantería de indolencia
y quiero perder
quiero acabar otra vez tendido en el campo de mi alma
desangrándome muerto de miedo
gritando infamias y gimiendo súplicas
resultando vulgar entre los cuerpos de mis hombres
mortalmente herido de tiempo y de vida
con todos mis dolores agolpándose en mis ojos llenos de arena
quiero morir otra vez de rodillas
atravesado en el pecho como un cualquiera
blandiendo por última vez mi arte
mi pequeña burguesía
patético sable roto y escudo de madera
quiero exhalar un nombre amado
mi única compañía
y tenderme al fin
pudrirme a la intemperie un rato
agusanado de ira y desconfianza
despidiendo corruptas erupciones
nauseabundas frustraciones amargas que el viento propaga
rendirme a Cronos
dejar de alimentarle dioses que me crecen en los muslos
permitir que me devore al fin
y el silencio
y de a poco
un tallo
un un delicado vello de vida
brotará de mi túmulo
eso quiero
jueves, 15 de octubre de 2009
Angry New York
New York is angry. People in the ferry, in the Subway and on the street are moody, prone to get pissed off easily. I’ve tried to understand why, where does it come from. A friend of mine who was born, grew up and lives here said that it might be because everyone here thinks they should be rich, and that they will actually be rich eventually… but that it really doesn’t happen and they feel cheated and just overall irritable about it.
And they are theatrical about it. They will shout and gesticulate, swear and puff and sweat about it. They are so often over the top that they become comical. Or maybe it’s just that where I come from it would be unthinkable to display this kind of annoyance. It would be unacceptably rude to just try to make a point with angry flares, but also where I come from displays of anger are indeed very close to real violence.
Yesterday I was about to sit down at a café and this man said “excuse me, I was sitting there”. There was nothing on the table, but I just moved aside and sat in the table next to it. He sat in the corner, and when he stood up to get some napkins he got caught with the chair that I pulled before when I was about to sit there. He made such a fuss, not to me, but towards the universe, as if a sudden plague had been bestowed upon him. He pushed the chair away angrily and swore. When he came back he slammed the table, pushed his plate noisily. He was angry, very angry at the world that was, all of it, getting on his way. I realized the deepness of this anger, how it has become a habit and an acceptable, even desirable behavior in New York. Parisians are famous for being moody… but I couldn’t tell, I’ve never lived in Paris. So I stood up with certain disgust and took my coffee with me.
A little while later I sat at an ice cream parlor to gently lick my green tea frozen yoghurt with pomegranate (and they say our countries are exotic), and I thought that indeed New York was a tough place, an angry, expensive, lonely place. But while I was ruminating the misery of having seen that angry man, and projecting into it my being poor and lonely something happened. A Buddhist monk came into the store to buy an ice cream. He stood there, looking at the chart of flavors and prices for a long while, while meditating his preferences (quite literally). I saw him with his yellow and brown clothes, his shaven head, his glasses, his green Crocs and his hands gathered behind his back. There was nothing unusual until I paid attention to his hands. His fingers were wiggling with the childish joy of expectation, the happy foresight of sweet ice cream. A coveting Buddhist monk! And then, before he actually made his mind, no less than fifteen other monks stormed into the parlor, men and women, all of them quiet, very holy… and with wiggly fingers and toes about ice cream.
They all ordered, got their exotic flavored sweets and sat around me. And while we were all licking away I noticed something wonderful, something breathtaking: everyone was happy. They were not loud about it, just calmly, softly, kindly blissful.
I laid back and rethought all I thought I knew about New York. I rethought all I thought I knew about being angry. I rethought all I knew about my petty miseries. But above all I rethought deeply, seriously, all I thought I knew about ice cream.
lunes, 28 de septiembre de 2009
Palabras de borracho
Estoy borracho, quitémonos eso de encima de una buena vez (y si mi impecable ortografía se jode… pues todos con . ella). Así pues, estoy borracho, sentado en la estación del South Ferry, un edificio interesante, que es como decir una mierda de lugar. Estoy pedo porque vengo de una fiesta de cumpleaños. Dos señores homosexuales cumplían años y fuimos a festejarlos. Lo pasé bien. Muchos hombres amigables, una mujer hermosa que no me miró y mi mejor amigo de esta ciudad que me besó en los labios de puro amor y contento hicieron de ésta una buena noche.
Nueva York es una ciudad implacable (coño, tuve que scribir inplacable cuatro veces). Llueve y LA puta línea NRWQ estaba cerrada en la estación Prince St. y tuve que tomar un taxi de diez dólares al puerto del Ferry. Estoy exhausto, con la panza revuelta y empapado.
+^
¡Qué lugar más solitario!
EWstoy aquí sentado, a las 5:13 de la mañana, borracho y solo, esperando un puto barco que me llevará durante media hora a donde vivo. Pero miro a la gente. Unas niñas con vestidos como que vinieran regresando de una fiesta de 15 años. Una mujer bonita que se abraza las rodillas en cunclillas mientras vomita y orina en el suelo de la estación y yo de pendejo que le pregunto a su amiga si está bien, nomás para merecerme un “Mind your own Business, dumb ass!”.,
Nueva York es implacable porque uno está inmerso entre todos, pero está solo. Uno puede besar a alguien en los labios y esperar descompuesto una hora en una estación. Porque puede pasarlo bien durante horas, cantar una buena canción española dejando a todos atónitos, para luego sentirse como un tonto. Solitario y jodido tomando un transporte público-marítimo para ir a la cama.
Hoy vi una monja reír, un hombre enamorado, una mujer sola, un perro contento y una multitud apática, un niño disfrazado de hada y la estatua de la libertad dos veces.
Chingada vieja azul no me impresiona en lo más mínimo.
Estoy borracho, por eso escribo tantas tonterías. Sólo porque el ferry no llega. Hoy estuve un rato en Barnes & Noble, y vi a dos indigentes (homeless dirían aquí) que con todo y su bulto de mierdas, esas tres únicas cosas que los acompañaban en un atillo jodido… leían a Shakespeare.
Y yo me quiero coger a la que vomita a tres metros.
Y quisiera leer a Shakespeare con la devoción suficiente.
Y cuando estoy borracho digo las cosas más inopinadas.
sábado, 26 de septiembre de 2009
Triangular Square

Tonight I sat down in a little triangular square (as odd as it may be) in the corner of Bleeker St. and 6th Ave. Here I was nibbling on a bagel when I noticed two women in the bench in front of me that were looking at my shoes and saying “¡qué lindo!” (which means “how cute!” if you are Spanish impaired)… and please don’t act surprised about Spanish being spoken in New York.
Although I am always open and welcoming to praise, I really thought that something was odd because I am wearing a pair of old destroyed-repaired-destroyedagain Puma sneakers that are nothing near “lindos” anymore. So I stopped chewing on my spread-filled bagel and looked down. And sure enough there it was! I was being nibbled myself by the most miniscule mouse imaginable. I had been very still for a little while, and this fellow came out of the bushes behind the bench to try and see if I was edible. I promise the thing was not longer than three centimeters (a little more than an inch for those metric-system-impaired) plus the tail. I looked at it without moving a muscle while it took my shoe with its hands and started chewing the rim of the sole. Imagine in all proportion you take a yacht with your hands and take a bite.
I could feel the little scratch on my shoe and I turned to see the women that where smiling fascinated looking at both of us as a 110kg man (200+ pounds… I know I need to lose weight) was being depredated alive by a 10gr critter. A boy was riding his scooter around the fountain and passed relatively close to me doing some noise. The mouse jumped over my foot, bounced back and ran into the bushes. Literally the whole thing jumped over me and I couldn’t feel it, that’s how small it was.
The two women and I looked at each other and I muttered: “lindo”. They definitely agreed. I finished my bagel and came home to tell you about it, because I’m sure the thing is now enjoying that little piece of everything bagel that I left for him under the bench.
domingo, 6 de septiembre de 2009
Tormenta del alma

Esta tarde llueve a cántaros. Como crecí en el desierto siempre me parece fascinante ver llover de esta manera. Lluvia ensordecedora con truenos y viento. Y yo con una taza de café mirándolo todo por la ventana. Un poder de la naturaleza, como un pequeño huracán que agita ferozmente las copas de los árboles y truena haciendo retumbar en sus centros la tierra. Es una visión.
Anoche tuve una visión. Después de varios litros de pulque que compré en Teotihuacan (que es como decir la bebida de los dioses que compré donde ellos nacieron), unas horas de risa y amigos y la consecuente sensación de que en verdad el mundo está en su sitio, tuve una visión maravillosa: de las cenizas de la tristeza vi a una mujer florecer de pronto, inesperadamente, en mis manos. Fue tan intempestivo que sólo de pensarlo la cabeza me da vueltas, sorprendente y hermoso como un delicado milagro.
Pienso que la vida hay que caminarla, o en su defecto al menos ponerse en su camino. Ver qué nos pasa estando vivos. Creo que es común suponer que podemos adiestrar la vida, ponerle silla de montar y riendas y cabalgar sobre ella a donde suponemos que está, no sé, la felicidad, el amor, la gracia, el éxito, la compasión o lo que sea que andemos buscando. Pero de un tiempo para acá estoy seguro de que en realidad al intentar domesticar la vida terminamos domesticándonos a nosotros mismos. Nos marginamos estrechamente y lo único que sucede es que la vida nos pasa de largo. Y no se trata de ser un experimentador o un temerario aventurero que busca los límites de la experiencia, no es necesario, con tan solo abrir los ojos y no tener miedo sería suficiente.
Pero el miedo es lo común. Encuentro que las personas viven su vida haciendo hasta lo imposible por no sentir miedo, por sacudirse la incertidumbre, endureciendo todas sus posturas para sentir algo de control en la tormenta de sus vidas. Y terminan por padecer exactamente aquello que tan arduamente han intentado evitar: se llenan de miedos no resueltos, la menor incertidumbre los enloquece, se pierden del paisaje, el viento y el canto de los pájaros por estar obsesionados con mirar el mapa.
Anoche caminamos fuera del mapa y el resultado fue estremecedor. Como pasear sin paraguas bajo una tormenta indomable que lo agita todo, que nos lava el lodo del tiempo, las costras viejas de batallas perdidas, que se lleva basura y arrastra capas y capas de sueños marchitos. Y bajo ellos un tallo verde que germina, que florece delicado, aterido y mudo de sorpresa.
Esta tarde llueve una tormenta como esa, y yo satisfecho, café en mano, observo el milagro por la ventana.
lunes, 31 de agosto de 2009
Mis hermanos
Pienso en mi hermano, que vive en el corazón de Francia y tiene la cabeza metida en una cubeta llena de números, tiene las piernas persiguiendo un balón y subiendo montañas, las manos en una guitarra y el corazón en Elsa. Pienso que nunca he viajado con él, lo cual es sorprendente considerando la cantidad de veces que ambos hemos viajado por nuestra parte. Mochilas hemos comprado y gastado hasta volverlas harapos de tantos países, ciudades, pueblitos, camiones, aviones, barcos y trenes… pero nunca las hemos gastado juntos. Es raro. Inadecuado. Por fortuna remediable.
Y pienso en ese otro hermano, uno que la vida me trajo como si me lo hubiera traído el mar a mis costas. Mi tocayo. Ese con el que sí he viajado muchos viajes, algunos en coche y bajo un sombrero, otros interiores entre lágrimas y vasos de vino. Ese amigo cumplió años hace unos días y lo celebramos tres veces. Y yo lo miro ser y crecer con detenimiento.
Él quiere irse a otra parte, a empezar de nuevo en otro lugar, uno que le sea más fértil y más sano. Y cuando me contaba que le hacían ofertas de trabajo en penínsulas lejanas me dijo que en esta ciudad inmensa ya no le quedaba nada, que amaba a su familia y a sus hijos, pero que estaba con los ojos ya puestos en otra parte. Confesó que lo único que verdaderamente habría de extrañar de esta ciudad que lo vio nacer y crecer era a mí. Un honor inesperado. Se lo agradecí con un abrazo, aunque me tomó dos días que me cayera el veinte de la dimensión del privilegio.
Y es que somos guerreros. Poderosos compañeros de infinitas batallas. De conquistas y derrotas que nos han moldeado como quien esculpe troncos con machete. Sólo porque estuvimos ahí.
Yo estuve ahí cuando tuvo éxitos extraordinarios en la universidad, cuando fue admirado y venerado por grandes pensadores antes de siquiera cumplir 25 años. Yo estuve ahí cuando prefería llegar a mi casa a cenar Maruchan y ver Friends que llegar a su casa donde su madre enferma le enfermaba el alma. Yo estuve ahí cuando por fin puso su propio departamento. Yo estuve ahí cuando conoció en mi casa a la que sería su esposa. Yo estuve ahí cuando supieron que estaban embarazados, fui el primero al que llamó y con quien padeció el miedo, el coraje, la angustia, la indecisión. Yo canté en su boda. Yo estuve en el hospital cuando nació su precioso hijo. Yo estuve ahí cuando se salió del rubro de trabajo que amaba para montar un negocio con su hermano. Yo estuve ahí cuando perdieron el negocio. Yo estuve ahí cuando él y su esposa decidieron que querían tener una experiencia sexual con otra pareja. Yo estuve ahí cuando a las 5:30 am me llamó desmoronado porque su esposa lo había dejado. Yo estuve ahí cuando le llegaron los papeles del divorcio. Yo estuve ahí cuando se dio cuenta que no había hecho las cosas bien y que no era víctima, sino responsable de su suerte. Yo estuve ahí cuando murió su papá, le miré el duelo. Yo estuve ahí cuando encontró a una amante que lo trataba bonito, yo estuve ahí cuando decidió terminar con ella, yo estuve ahí cuando ella le anunció más tarde que estaba embarazada, fui el primero al que llamó y con quien padeció el miedo, el coraje, la angustia, la indecisión. Yo estuve con él cuando nació su hija y él no quiso ir al hospital y quería pelearse con alguien. Yo estuve ahí el día que finalmente fue a verla. Yo estuve ahí el día que regresó de ver a su hija con el alma henchida de amor. Yo estuve ahí cuando le dieron un trabajo en lo que realmente quiere hacer. Estuve ahí cuando ese empleo se terminó y le sobrevino la angustia financiera.
Así que estuve ahí en su cumpleaños hace unos días, sólo para verlo ser entre sus hijos, con sus hermanos y su mamá, con su soledad y sus dudas. Cociné pizzas para todos y lo pasamos bonito.
Y hoy pienso en él, en mi hermano de armas con quien he mirado la vida de frente, como esos hombres primogéneos que uno al lado del otro miraban en silencio a los mamuts desde la colina. Como esos hombres primogéneos que arrimaban el hombro y las lanzas muertos de miedo para defender a la tribu de los leones que se aproximaban. Ciertamente hay otros hombres con quienes he sobrevivido en esta vida, hombres y mujeres guerreros, que entre cazar mastodontes y criar a los hijos de la tribu, contar historias alrededor del fuego e hilar las ropas del alma que nos protegen de la intemperie, conforman la fuerza de la naturaleza que me permite seguir vivo. Pero hoy pienso en él porque fue su cumpleaños, porque miré a sus hijos ayer y porque cuando la marea nos lleve lejos nos vamos a extrañar infinitamente.
También pienso en mi hermano, con quien no he viajado.
miércoles, 26 de agosto de 2009
Uncontextualized fragment
And we become older, we become those tired and mysterious captains that sit down quietly looking at the sea, in whose forehead you can read the ghosts of storms past. Battles with whales and with pirates and with the sea itself have scarred our souls, and we proudly wear hooks and patches over the mutilated parts of it. We become those people full of secrets, of interesting secrets, so interesting that the person becomes interesting even though the secrets are never said. The light in our eyes changes. It is not the original light of stars, of worlds far away that we had when we where young, but the quiet light of the center of the earth, that of the boiling magma that burns from within.
Life runs us over because we refused to stay on the sidewalk to watch it pass us by, instead we took the step and stood in front of it. We now ride on it. Hurt and lonely, but also wise and alive. And that pain, love, will prove to be the biggest fun we ever had. We now ride the bus of life, we are awake and infinitely grateful. It is our task now, in our early thirties, to rebuild and be stable, but we can't stop walking now. Life will happen to us again, be assured of that, we will thrive and suffer yet many times. We will have time to rest when we are dead. Rejoice!
lunes, 24 de agosto de 2009
cuerpo, jarrito molido a golpes
Hoy me vieron el cuerpo. Semidesnudo posé derecho frente a un grupo de actores con quienes trabajo para que analizaran mi físico. Me vieron las piernas largas y fuertes, los pies grandes y plantados con un arco pronunciado, las rodillas firmes, todo ello muestra de una gran explosividad, de decisión y agresividad. Me vieron las nalgas abatidas, sin impulso, flácidas y desproporcionadas, símbolo de que no termino las cosas, de que mi impulso no tiene foco y pronto se agota. Me vieron el vientre grande, hinchado, donde se reúnen mis viejos miedos y mis viejas frustraciones. Me encontraron chaparreras, símbolo de maternidad. Me miraron la espalda encorvada, cargando problemas ajenos y esperando un golpe perenne, ahí la culpa, el castigo materno que siempre venía y contra el cual me he rebelado incluso ahora, cuando el castigo me lo impongo yo mismo y después me lo ando saltando. Me miraron el pecho grande y flojo, como quien se ha rendido, como a quien le pesa lo que no llega. Los hombros hacia el frente, de quien se protege las emociones. El cuello hacia delante, de quien arroja juicios y retos. Los ojos empequeñecidos de quien carga la tristeza, lo mismo que las comisuras.
Se me dijo que estaba lleno de tristezas y de frustraciones, que estaba agobiado por emociones que no dejaba salir, que mi inteligencia la usaba para evadirme y no vivir en el presente, que mi impulso era efímero y disperso, que era bueno para dar pero muy malo para recibir.
Y yo salí de ahí adolorido del cuerpo y del alma. Pensativo. Reflexionando sobre todo lo mal que estoy parado en el mundo.
Y llegué a casa y mi perro me movía la colita. Y me hice un gran vaso de leche con chocolate. Y hablé con un amigo amado por teléfono. Escuché dos conferencias por Internet y deseé una cerveza pero no tengo.
Yo creo que ya es hora de evadirme y de dispersarme, de no conseguir nada y de guardarme las emociones antes de irme a dormir. Tal vez ahí, en sueños, tenga yo el pecho hinchado y las nalgas apretadas, el vientre plano y los dolores resueltos, la inteligencia a un lado y los ojos pispiretos.
sábado, 22 de agosto de 2009
Milk and Sun
Today I received a photograph from a friend that lives quite literally in the other side of the world. She not only lives upside down, but also in the wrong season and about half a day in the future. It was the picture of this woman, whom I’ve learned to love without having ever breath the same air, and her small daughter. Both of them are beautiful like the sea and like the mountains. Vast, deep, serene. One of them is fiery, brave, sexual, brilliant, the other one is pure, wise, firm, warming.
I watched tenderly those two smiley faces looking back at me, first with curiosity and joy, but very soon I was touched and in awe about this two women walking preciously under the sun. And I could only imagine their story, the years of dreams and tribulations, of calm days full of kangaroos and koalas, and the stormy days full of thunder and confusion. Two whole lives compressed in an image, a regular image taken in a birthday dinner.
And then I think about this other woman that I know who has the hands of a mother used to bathing children. An extraordinary force of nature that is at the same time warm milk and boiling magma. This warrior lioness with two cubs that is struggling with all her might to feed them, to make art and to be happy, and still has the delicacy of letting me into her heart to wander effortlessly.
Lonely women. Powerful lonely women. Or maybe not. Maybe they have their children to fill their every minute. Or maybe they are big enough to accompany themselves. Maybe their own grandiosity is enough to keep them. I truly don’t know. I can only imagine. But what I DO know is that I feel blessed and honored to know them, to admire them in their feminine might. What I know is that I, myself, feel much less lonely in this world because they exist. I feel less lonely as this man who is privileged to love them. I feel less lonely because there are mothers taking care of the children of this earth. Milk and sun.
Maybe because I am an orphan.
martes, 18 de agosto de 2009
El Jardín Solitario
Hace meses que no tengo coche. Siendo un artista del tercer mundo que se pasa la vida viajando y viviendo en donde se junta la más sublime expresión humana con el hambre no he podido arreglar el pequeño golpe que Caro le dio a nuestro Chevy 1997. Además poco hemos estado en la Ciudad de México este año. Entre el CEDRAM en Pátzcuaro, Nueva York, Japón y los recorridos internos del corazón por los que paseamos, tampoco es que lo hayamos necesitado mucho. Pero lo cierto es que el bichito lleva meses empolvándose en la calle frente a mi puerta.
Es por ello que mi transitar por la ciudad ha cambiado sensiblemente. Se ha hecho más lento, pero infinitamente más interesante. Uso el transporte público todos los días, y veo un paisaje humano verdaderamente rico. Además, caminar en esta ciudad es exponerse a encontrar algunas de las visiones más surreales imaginables. Y como yo he decidido que ya no tengo demasiada prisa, pues me detengo a verlo.
Hoy vi un edificio generoso, que se hacía para atrás en un gesto amable para ofrecernos a todos un jardín. Un jardín muy bien cuidado y amable, pero cancelado, cerrado, vuelto hacia sí mismo, muerto para la mirada y el gozo. Y supe que esa es la contradicción de este pueblo. Que somos amorosos, generosos, abiertos, honestos y claros, pero sólo en el gesto. Nos cerramos al verdadero contacto salvo para aquellos que en verdad viven en el corazón. Somos una contradicción, un vicio de desconfianza nos envenena el alma, y aún así conservamos podado y verde el pasto, los rosales en flor y los naranjos fragantes. Aunque no los habite nadie. Ni siquiera aquellos para quienes lo cuidamos con tanto esmero.
Vaya, hay edificios que ni jardín tienen.
