
A David Hevia
El alma se te vacía una gota a la vez
con un imperceptible titubeo
con la primera pérdida
te sabe a sangre
sorprendentemente horrible y dulce
Las manos se te paralizan
ya no con el candor de la inexperiencia
sino crispadas de duda
en el marisma de saber demasiado
o saber nada
Y la pérdida se te hace presente
se te instala detrás de los ojos
como la comezón del llanto
te roe
te ofreces a Dioniso
o a Morfeo
sin éxito
Repta la pérdida por tus venas endurecidas
arde por dentro
arañando los tejidos al recorrerte el cuerpo
Es el duelo
a eso se referían los libros
ahora sabes
¿Tan pronto?
Apenas ayer creíste que vivirías para siempre.
Pero vuelves a casa y te sostienes en el umbral
intuyendo que la bóveda está abierta
y el tesoro se ha ido
No es necesario comprobarlo
no es cuánto se pierde
es la resequedad
Como un martilleo en la cabeza
uno que adormece
aturde
enmudece
Es un reguero de vida
te dices
intuyes que es un reguero de vida
como si la experiencia fuera a serte útil más adelante
para hacerte sabio de café
abuelo interesante
o artista consistente
Ojalá
Porque maldita la hora en que te tocó crecer
Y ahora, sentado en tus cenizas,
vuelves al llanto primario
al de la infancia
cuando no tenías que ser hombre
Abandonado al ruego sordo
a dioses distraídos
te retuerces las manos
huracán de dudas
te meces patético y triste
Solo
¡Qué obscuridad más penetrante!
Pegajosa
como una melodía simple
la rumias todo el día
y todas las noches
Pero sanas
un buen día sanas
por un rato
un reflejo ocupa tu atención
o un sonidito por la ventana
o una pequeña cortada en el dedo lavando trastes
Y la pérdida es completa
te pierdes a ti mismo del todo
el castillo de arena que hiciste de tu alma al fin se viene abajo
un par de olas crecientes se lo ha llevado todo
Y tal vez
sólo tal vez
ahí
como un niño perdido en las ruinas de tus fantasías
aparecerás tú mismo.
