Hoy me vieron el cuerpo. Semidesnudo posé derecho frente a un grupo de actores con quienes trabajo para que analizaran mi físico. Me vieron las piernas largas y fuertes, los pies grandes y plantados con un arco pronunciado, las rodillas firmes, todo ello muestra de una gran explosividad, de decisión y agresividad. Me vieron las nalgas abatidas, sin impulso, flácidas y desproporcionadas, símbolo de que no termino las cosas, de que mi impulso no tiene foco y pronto se agota. Me vieron el vientre grande, hinchado, donde se reúnen mis viejos miedos y mis viejas frustraciones. Me encontraron chaparreras, símbolo de maternidad. Me miraron la espalda encorvada, cargando problemas ajenos y esperando un golpe perenne, ahí la culpa, el castigo materno que siempre venía y contra el cual me he rebelado incluso ahora, cuando el castigo me lo impongo yo mismo y después me lo ando saltando. Me miraron el pecho grande y flojo, como quien se ha rendido, como a quien le pesa lo que no llega. Los hombros hacia el frente, de quien se protege las emociones. El cuello hacia delante, de quien arroja juicios y retos. Los ojos empequeñecidos de quien carga la tristeza, lo mismo que las comisuras.
Se me dijo que estaba lleno de tristezas y de frustraciones, que estaba agobiado por emociones que no dejaba salir, que mi inteligencia la usaba para evadirme y no vivir en el presente, que mi impulso era efímero y disperso, que era bueno para dar pero muy malo para recibir.
Y yo salí de ahí adolorido del cuerpo y del alma. Pensativo. Reflexionando sobre todo lo mal que estoy parado en el mundo.
Y llegué a casa y mi perro me movía la colita. Y me hice un gran vaso de leche con chocolate. Y hablé con un amigo amado por teléfono. Escuché dos conferencias por Internet y deseé una cerveza pero no tengo.
Yo creo que ya es hora de evadirme y de dispersarme, de no conseguir nada y de guardarme las emociones antes de irme a dormir. Tal vez ahí, en sueños, tenga yo el pecho hinchado y las nalgas apretadas, el vientre plano y los dolores resueltos, la inteligencia a un lado y los ojos pispiretos.

Se consiguen muchas cosas a lo largo de nuestra vida, algunas tan insignificantes que no caemos en cuenta, pero que quizá, gracias a éstas, surgen las más significativas.
ResponderEliminarTodos cargamos con mucho a veces, excesivamente demasiado y te preguntas: para qué? realmente vale la pena. Uno hace las cosas por que quiere, no esperando a recibir algo a cambio. Pero a veces, hacerlas por querer y con gusto y ver que pasan indiferentes a los ojos ajenos, hace que cada vez te cueste más hacerlas, o que quizá te lo pienses dos veces y decidas si hacerlas o no.
Es cruel, triste y amargo. Desgarrarte por dar y recibir con "cuentagotas". Pero así hemos hecho la vida las personas y no nos toca de otra que recorrer el gran slalom y sortear los topes. A veces se llega a la meta, con algun que otro golpecito recibido por el camino, y de los cuales puedes aprender bastante. Y a veces, simplemente no se acaba de llegar. Nos rezagamos por el camino, por miedo a llegar al final. Intentando evitar los pequeños golpecitos, por miedo a que nos puedan dolor más de lo que pensamos. Y al final....te llevas golpes, aprendes de lo bueno y lo malo y...siempre llegas a la meta, antes o después!
Así que, la vida es una prueba de obstáculos, un triatlon sin fin...donde nos empeñamos en no querer complicar las cosas, y las cosas...ya estan complicadas de por sí. El anhelo de ese amor, de esa pasión, de esa amistad, de esa sonrisa, de ser cómplice, de sentirte querido y amado, de enrojecerte con su mirada....cuando luchar tanto parece que no sirva, simplemente....te queda el anhelo!